Navidad 2025. ¡Hola 2026!
- 30 diciembre, 2025
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Puente de diciembre = sacar del trastero las cajas con los adornos navideños. Árbol, bolas, luces, belén, guirnaldas…
¿Les quitas el polvo? Hace unos días, vi un reel donde limpiaban un árbol de navidad y aluciné con el color que tomaba el agua al sumergirlo.
Hay a personas para las que la navidad funciona así: llega la fecha, salen de la caja, se ponen los adornos y las luces e intentan brillar como lo hace el resto, aunque muchas de sus luces estén fundidas.
Porque las navidades van cambiando y evolucionando, como lo hacemos nosotros cada año.
La navidad siempre ha sido mi época favorita del año.
Quizás los ingredientes que formaban mi receta navideña, la hacían muy suculenta. Campo; fuegos artificiales que iluminaban el cielo para dar la pista a Papá Noel de dónde estábamos; perros subidos al sofá, nerviosos por el estruendo; la tele de fondo con el especial de nochebuena haciendo remix de momentos del año; el mensaje del Rey y mi yaya muy atenta; la puesta a punto de las linternas para salir en busca de los regalos…
Tradiciones que se graban a fuego, que al recordarlas dibujan una sonrisa en el rostro y que intentas reproducir año tras año.
Sin embargo, cada año, sumas 365 días de vivencias y experiencias que te modifican. Dolorosas, felices, reflexivas, placenteras, instructivas, superfluas…
Vivencias que te van cambiando y con ellas cambia la siguiente navidad.
Llega un momento en el que la ilusión de niñ@ desaparece, al igual que desaparecen personas en la mesa.
Eso es lo que más cambia el sentido de estas fechas para las personas: las ausencias. ¿Os dais cuenta?
Éste es un enfoque reduccionista. Lo reduce todo a lo que no está; a lo que fue y ya no es; como si cualquier tiempo pasado fuera mejor.
Si nos quedamos ahí, no nos damos cuenta de todo lo que sí hay en el presente.
¡Claro que todo cambia! Muy a nuestro pesar, hay seres queridos que dejan de estar con nosotros físicamente, pues como comentaba en el artículo anterior, la muerte forma parte de la vida. A veces de forma natural y otras, sin esperarla.
Superar el duelo y conseguir adaptarnos a la nueva vida, resulta fundamental para permitirnos vivir el presente y lo que el día a día nos ofrece.
Conseguir focalizar en los que sí están y en lo que sí existe, nos enriquece y nos llena de vivencias, momentos y recuerdos que seguirán sumando en nuestro disco duro vital.
Ya hemos superado la primera parte; quizás la más familiar y emotiva. Al final, hay tantas costumbres y tradiciones como personas y familias.
La próxima parada es fin de año. El 31 de diciembre es sinónimo de reflexión y balance. Análisis del año que se cierra y propósitos del año que está a punto de comenzar.
Existes muchas tradiciones y rituales para este día. Ya sabéis que yo soy muy reduccionista.
Al final, se trata de tomarnos un ratito para conectar y reflexionar con nosotros mismos. Esto nos ayuda a identificar cómo nos sentimos y, a través de este sentir, saber qué necesitamos y qué podemos hacer para conseguirlo.
No se trata de generar grandes retos o expectativas, sino de escucharnos y ser coherentes y realistas con nuestro estado vital.
Personalmente, cierro mi 2025 cual serpiente que acaba de mudar su piel. Una oruga que acaba de convertirse en mariposa.
Ha sido un año de crecimiento tanto a nivel personal como profesional.
Como sabéis, ahora no sólo me podéis encontrar en Espasana en Villena, sino también en Cibler Salud de Elda. Y si esto no os coge lo suficientemente cerca, me tenéis online.
Porque la terapia psicológica no entiende de distancias. Sólo habla el lenguaje de la superación y el bienestar emocional.
Este 2025 me deja superación con Saray. Resiliencia con mi Sol. Relación terapéutica que traspasa la consulta y se convierte en amistad con Vero y Marina. Con Guille, está tomando la última curva antes de la meta.
Es la magia de la terapia: acompañar a personas en su proceso y a veces, no soltarlas nunca y abrazarlas indefinidamente.
2026 nos está tocando a la puerta.
¿En qué estado emocional le quieres abrir?