Diez años

  • 29 diciembre, 2025
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Diez años

Otro 23 de diciembre. Otro aniversario, y ya van diez. Diez años se cumplen  de aquella noche horrible en la que tu asesino, quien se supone que debía cuidar de tí y de su hijo, te arrebató la vida. Aunque no lo digamos, aunque no lo escriba, cada año es inevitable recordarlo.  Cada día tu ausencia es una herida abierta. Contigo se fueron muchas cosas. En ese momento la vida de tus padres se detuvo y sinceramente, creo que empezaron a “morir” , un poco cada día, de pena. De ausencia, nunca de rabia, nunca de odio. 

En estos diez años han cambiado muchas cosas. Han cambiado los ritos. Ya no visito el lugar donde te encontraron sin vida. Y anoche,  una noche gélida, como la de aquel año, supe con total certeza que tú no estás allí. 

El día de tu funeral únicamente me llevé un recuerdo. Instintivamente, por la necesidad de que algo siguiera uniéndonos, tomé dos rosas blancas de uno de los centros de flores que acompañaron tu despedida. Las guardé en una bolsita de tela donde se secaron y permanecen. Simplemente eso. Dos rosas blancas. 

 Iguales a las dos rosas blancas que anoche encontré en el rosal de casa.  El termómetro marcaba  4 º C  y seguramente estábamos todavía a  menos grados, y  allí estaban. No salieron de la nada; posiblemente florecieran días antes y no las ví. Seguramente existen estos rosales que dan flores todo el año.  Seguramente no fue  una señal, simplemente las había ignorado, hasta ayer.  Seguramente. Pero las corté, antes de que se marchitaran y las dejé reposar junto a tu fotografía. No era  necesario pero lo hice porque te recordé, más que hace meses, más que hace un año. Te recordé. Sonrisa luminosa, inquebrantable fortaleza y generosidad infinita. No estás aunque sigues viva en los recuerdos, en los gestos de los tuyos. Y no, no estás en aquellas ruinas donde te abandonó. Estás “en casa”. Quédate. 

Tu historia sigue repitiéndose, con otras víctimas. Las que te precedieron, las que siguen muriendo asesinadas a manos de quienes prometieron amarlas. Tu memoria ha de ser  lucha, por todas. Aunque el dolor persista,  lo que sembraste nunca desaparecerá. Sigue con nosotros, Mónica.

FML

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