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El árbol del cielo, ¿un infierno para nuestras plantas?

El árbol del cielo, ¿un infierno para nuestras plantas?

El árbol del cielo, ¿un infierno para nuestras plantas?
20 septiembre
2022
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Es mi objetivo en estas columnas escribir sobre la flora que nos rodea, poniendo en valor las plantas autóctonas, con el fin de proporcionar el conocimiento que se necesita para darnos cuenta de la importancia de conservar nuestro entorno. Pero comienzo este nuevo año −ya que para los que trabajamos en la educación, los años comienzan en septiembre−, hablando de una planta alóctona. Porque tan importante es conocer y valorar las especies nuestras como también distinguir aquellas que hacen daño al ecosistema, y que poco a poco se introducen a través de nuestras retinas hasta tal punto que las hacemos propias y olvidamos su origen foráneo. La planta de la que vamos a hablar se conoce como “árbol del cielo”, pero que fuera de su lugar de origen −la lejana China−, su erradicación se ha convertido en un verdadero infierno. Su nombre científico es Ailanthus altissima (Mill.) Swingle –de donde deriva otro de sus nombres populares: ailanto– y pertenece a la familia Simaroubaceae; es muy común verlo creciendo por muchas zonas de nuestro término, teniendo preferencia por las vías de comunicación, como la carretera a Biar o las vías del tren, enclaves que favorecen en gran medida su dispersión. 

Se trata de un árbol caducifolio de muy rápido crecimiento, que puede alcanzar hasta 30 metros de altura. Precisamente este crecimiento rápido fue lo que provocó que se introdujera en otros continentes como recurso maderero, aunque aparentemente nadie fue consciente de que la calidad de su madera era pésima y solo servía para pasta de papel. Tiene unas hojas compuestas y grandes, y las flores se sitúan por separado en pies masculinos y femeninos; en septiembre ya se observan los frutos. En Villena también es conocido como “vareta de mierda”, ya que, al tocar los troncos de este árbol, se impregna un olor fétido, que también es muy persistente en las flores masculinas; por ello cuando se utilizaba como especie ornamental y de sombra, sólo se cultivaban las plantas femeninas. 

Es una planta muy invasora, que tiene reproducción asexual por clonación de las estaquillas y también se reproduce sexualmente por semillas. Éstas se dispersan de una manera muy eficiente, a través de un fruto aplanado y muy ligero, rodeado de una amplia ala que le sirve para desplazarse movida por el viento y que en Botánica se denomina “sámara”. Todas estas características hacen de ella una especie altamente competitiva, tanto que desplaza a las autóctonas. En 2013, el árbol del cielo fue incluido en el catálogo español de Especies exóticas invasoras, regulado por el Real decreto 630/2013 de 2 de agosto. Desde entonces, se prohíbe en España su introducción en el medio natural, posesión, transporte, tráfico o comercio.

A todo ello, hay que sumarle que es una planta tóxica. Posee principios activos amargos, como los cuasinoides, que repelen el ataque de insectos y se usan como insecticidas; entre ellos destaca la ailantona, cuya ingestión puede provocar intoxicaciones, con vómitos y diarreas, y por contacto, dermatitis en personas sensibles. En la medicina tradicional china se ha utilizado, sobre todo la corteza, como medicinal, aunque su uso es arriesgado por su alta toxicidad. Que no parezca que estoy “demonizando” a esta planta, porque no es mi intención: en su lugar de origen cumple su función ecológica; el problema se presenta cuando se introduce en zonas donde no se la espera, como nuestro término municipal, donde llega a desplazar a la flora nativa. Pero desde nuestra perspectiva antropocéntrica tiene una gran virtud y es ese principio activo “tóxico”, ya que se ha comprobado que la ailantona es muy eficaz contra una enfermedad que actualmente no tiene vacuna: la malaria o paludismo. Una enfermedad que asolaba Villena en tiempos remotos y que, aunque las diferentes especies de protozoos del género Plasmodium que la provocan parecen erradicados en la Península, los vectores que la inoculan y la transmiten –los mosquitos del género Anopheles– sí que conviven con nosotros, por lo que no es imposible que se pudieran dar casos de esta enfermedad.

El asunto de los principios activos de las plantas, la dualidad curar/matar, son dos caras de una misma moneda. Ya lo decía Paracelso, el padre de la toxicología, en el siglo XVI: “Todo es veneno y nada es veneno; sólo la dosis hace el veneno”.

Ailanthus altissima (Mill.) Swingle: chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/http://www.floraiberica.es/floraiberica/texto/imprenta/tomoIX/09_115_Simaroubaceae_2010_12_21.pdf

Cuasinoides https://es.wikipedia.org/wiki/Cuasina

Malaria https://es.wikipedia.org/wiki/Malaria

principio activo: Antiplasmodial activity of extracts and quassinoids isolated from seedlings of Ailanthus altissima (Simaroubaceae): https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/12820239/

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