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De fútbol lo justo, pero ¡Aupa Real!

De fútbol lo justo, pero ¡Aupa Real!

De fútbol lo justo, pero ¡Aupa Real!
19 abril
2021
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Tras años de estudios comparativos, visitas a casas ajenas a pegar la gorra y encuentros destinados únicamente a generar conflictillos entre aficionados, puedo asegurar que, normalmente es el humano macho el que es forofo del fútbol y aficionado a ver, no tanto a practicar, cualquier tipo de deporte. Digo normalmente por lo que conozco a mi alrededor. Que no digo que esté generalizado o impuesto, ni siquiera que venga determinado por la genética.

En mi casa no. Y no porque intentemos evitar los estereotipos, es que nos sale solo. Yo, soy el sedentario, el que es incapaz de ver un partido de fútbol entero sin sentir que estoy perdiendo el tiempo.  La humana hembra es quien grita estridentemente GOOOL cuando marca su equipo, la que usa las camisetas, la que ha transmitido a los hijos la afición por el deporte en general y el fútbol, como deporte mayoritario, en especial.

Su equipo es la Real Sociedad, así que estamos de celebración continua y diaria desde la final de la Copa del Rey. Nos damos los buenos días con un ¡Aúpa, Real! Y las buenas noches con otro ¡Aúpa Real! 

Nuestro vecino de enfrente es del Athletic de Bilbao y luce igualmente sus  colores en la fachada y en el coche, pero no hay ningún problema. Respetico y admiración.

Como casi todos los aficionados de la Real  con los que me he encontrado,  ella se dejó llevar por el espíritu de Arconada, “el Portero”, con todos mis respetos a Iker  y algunos guardametas más, de cuya histórica valía no dudo. Pero Arconada marcó a más de una generación, que sigue al equipo por lealtad más que por títulos.

Es curioso. Durante mucho tiempo, demasiado, el País Vasco fue más conocido, cuando no temido, por la existencia de una banda terrorista de cuyo nombre, imborrable, es mejor no acordarse. Más por la violencia, los asesinatos, secuestros y atrocidades varias, que por su geografía, su gastronomía y sus mil encantos. Su lengua oficial y su bandera, denostadas por el empeño de  los asesinos de  apoderarse de ellos para arrebatarnos la riqueza lingüística del euskera y  los colores de un pueblo, que nunca fue de los criminales.

He asistido a dos  partidos de la Real con la costilla. Alicante y Albacete. En Alicante,  mientras la costilla se desgallitaba, yo vaciaba la bolsa de pipas, en mi asiento, tranquilamente hasta que un niño de unos diez años, tras un gol marcado por los vascos, se giró y empezó a gritarme improperios varios y el padre le jaleaba. Oiga, que soy de Villena. Me defendí. Peor todavía, ¿cómo siendo de la provincia iba yo a jalear al equipo visitante, que para más colmo era vasco? La visita a Albacete, sin incidentes.

¡Corcholis! Así que se puede ser del Barça o del Madrid y festejar sus goles en el campo de cualquier equipo local. Pero lo nuestro parecía un ultraje a los colores del Hércules, equipo que a mí, ni fu ni fa, porque ya he dicho que yo, contrariamente a lo que se presume en cualquier hombre, no soy de fútbol.

Es curioso como el deporte es capaz de cerrar brechas, heridas que parecían incurables. El deporte bien entendido debe enseñarnos a ser elegantes, respetuosos con el rival. El deporte es hacer pasillos para reconocer a los campeones y también abrazos de consuelo para el rival. 

El deporte despierta el amor patrio si hay partido de la selección, fútbol, baloncesto, coches, motos o juega Nadal. Fuera del deporte llevar una pulserita, un llavero, una camiseta, una pegatina con la bandera de España es de ser un fachilla. Si enarbola la bandera de Catalunya será un independentista y  si planta una ikurriña en el balcón, los vecinos lo mirarán de reojo. Salvo que haya partido de la  Real Sociedad, del Athletic de Bilbao o del Eibar y sea usted conocido en su entorno como un forofo. Entonces, su gesto, estará debidamente justificado. Les llamarán txuri-urdines, e incluso les dirán con amabilidad “eskerrik asko”. Por lo que debiera usted aprender a contestar con un “zuri”, que es lo propio, según los diccionarios de euskera para principiantes.

  Ahora de mi balcón cuelgan la bandera de España, la de la Real, la Virgen de las Virtudes por si nos libra de esta nueva “peste” de pandemia y seguro que habrá sitio para más. Los balcones suelen ser reflejo de nuestras victorias y aficiones,  banderas, colgaduras y hay quien lo comparte y quien lo critica. Yo todo lo doy por bueno, mientras no tengamos que meter banderolas para apoyar a La Pantoja o a Paquirrín, a Rocío o a Antonio David. Que nadie me pregunte…¿y tú de quién eres?  Ahí no, por ahí no vamos bien.

Este es el momento del ¡Aupa Real!

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