¿Son musgos o son líquenes?
- 3 febrero, 2026
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¿Son musgos o son líquenes? es un gran dilema para muchos de nosotros, que no estamos muy seguros de saber distinguirlos. Es una pregunta recurrente, y la razón es sencilla: tienen una ecología similar y, en muchas ocasiones, viven en el mismo hábitat, disputándose el espacio. Pero, aparte del lugar donde habitan, poco se parecen estos dos organismos; aunque, en realidad, tampoco sería del todo cierto llamarlos a ambos “organismos”, ya que ni siquiera en eso se parecen.
Los musgos son plantas muy sencillas. Han sido una de esas formas de vida que han llegado hasta nuestros días y nos muestran cómo las plantas pudieron conquistar el medio terrestre. Sin embargo, en este caso no tuvieron mucho éxito evolutivo, como sí lo tuvieron otras plantas más complejas, como los helechos, las coníferas o las plantas con flores, que supieron adaptarse mejor a las condiciones imperantes en el medio terrestre. Y es que, si lo pensamos bien, se trata de un medio muy hostil, donde hay que defenderse de los rayos ultravioleta, de la sequedad del ambiente y de no vivir rodeados de agua, como lo hacían las algas, precursoras de estas primeras plantas que conquistaron la tierra firme.


Pero, sobre todo, hay una característica que los musgos no lograron desarrollar, y puede que esa haya sido la principal razón de que su línea evolutiva no tuviera el éxito de otras plantas: no fueron capaces de crear una cutícula impermeable que evitara la pérdida de agua y les permitiera regular su humedad interna. Si pensamos un poco, cuando queremos que el musgo esté verde lo regamos pulverizando toda la superficie, mientras que, si lo que queremos es regar un geranio en una maceta, no lo hacemos por las hojas, sino que echamos el agua en el suelo. Las raíces se encargarán de absorberla y el sistema de vasos conductores de repartirla por toda la planta.
Así, los musgos tienen que vivir en zonas húmedas, no poseen raíces desarrolladas y son pequeños porque carecen de otros tejidos, como los de sostén. Sin embargo, son verdes y presentan pequeñas hojitas capaces de realizar la fotosíntesis. Algunos de ellos, además, tienen una capacidad asombrosa: la reviviscencia. Pueden permanecer durante mucho tiempo en un estado de latencia hasta que llegan las lluvias favorables, momento en el que retoman su actividad metabólica normal.
Por otro lado, están los líquenes. Estos no son un único organismo, sino una simbiosis mutualista en la que dos, o incluso más organismos, salen beneficiados: por un lado, un hongo, y por otro, un organismo unicelular fotosintético, generalmente un alga. Cuando se encuentran y deciden vivir juntos, el hongo cambia por completo su morfología y deja de parecerse a su forma habitual; es casi como en una película de ciencia ficción, una transformación total para albergar a las algas en su interior. Estas realizarán la fotosíntesis y le proporcionarán sustancias nutritivas, mientras que el líquen les ofrecerá protección y la humedad necesaria para sobrevivir.
Por ello, los líquenes no tienen hojas ni raíces y pueden presentar colores amarillos, negros, blancos o incluso verdes. Son organismos fundamentales en la formación del suelo, ya que son capaces de vivir sobre la roca desnuda. No necesitan suelo: ellos mismos contribuyen a deshacer la roca y a crear el sustrato que más tarde utilizarán otras plantas para germinar. Poseen muchas virtudes que darían para escribir otro artículo.
Pero quedémonos con la lección que, una vez más, nos ofrece la naturaleza: la unión hace la fuerza. Dos organismos juntos pueden ser mucho más fuertes y eficaces que por separado. Aprendamos de ella.