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El entorno

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El entorno
30 junio
2022
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Al repasar la lista de cualidades que definen a la nueva sensación del tenis, Carlos Alcaraz, hay un aspecto que, si bien se ha venido repitiendo en artículos y entrevistas, no siempre se le da la importancia debida: el entorno con el que este chico cuenta. Se ha dicho de él que tiene un talento impresionante, que demuestra madurez dentro y fuera de la pista a pesar de su edad, que su físico no tiene nada que envidiar al aspecto tenístico, que cuenta con una gran fortaleza mental… y luego está el entorno.

Lo que quizás no se tiene en cuenta es que, precisamente ese entorno, esa familia que supo inculcarle los valores correctos, ese cuerpo técnico con Ferrero a la cabeza que le mantiene los pies en el suelo en tiempos en que lo más tentador sería elevarse por encima de los mortales, puede ser el principal motivo de muchas de las otras cualidades que el tenista atesora.

En una entrevista reciente, Toni Nadal lo ilustraba a la perfección con muy pocas palabras: «La alabanza no se puede parar. Cuando uno hace lo que ha hecho Carlos Alcaraz, lo normal es que la gente le alabe. Lo malo es cuando tú no te reúnes con gente que esté dispuesta en algún momento a decirte, ‘chico, no vas por buen camino». No creo que haya una voz más autorizada para hablar del entorno que quien fue durante mucho tiempo entrenador del mítico ganador de veintiún torneos de Gran Slam.

Precisamente ese ha sido uno de los puntos fuertes de que siempre ha presumido Rafa Nadal: la de haberse rodeado desde niño de un grupo de personas que le han dado la perspectiva correcta. Empezando por su tío y continuando por todos aquellos que, de un modo u otro, han estado a su lado durante su exitosa carrera profesional.

Y no ha sido el único. El propio Ferrero contó con ese relevante elemento a su favor. Desde muy temprano tuvo que abandonar su Ontinyent natal para entrenar en Villena. Para entonces, ya traía como herencia familiar una exquisita educación, pero en Antonio Martínez Cascales, en Samuel López y en el colectivo que se terminaría transformando en Equelite supo encontrar, además de un cuerpo técnico excepcional, una segunda familia que le enseñó ese buen camino de que hablaba Toni Nadal.   

A dicha familia, la de Equelite, de la que en Villena nos podemos sentir muy orgullosos, se incorporaría más tarde Pablo Carreño, un jugador contrastado que, sin embargo, ha alcanzado sus mayores éxitos cuando recaló en la academia de Juan Carlos Ferrero. Es evidente que las instalaciones de Equelite se cuentan entre las mejores del mundo, pero también lo es que el tenista asturiano buscaba algo más cuando contrató los servicios de Samuel López y César Fábregas. Dos entrenadores de indiscutible profesionalidad, por supuesto, pero también un entorno adecuado. 

Ahora es Carlos Alcaraz quien avanza por una senda tortuosa de la que no es difícil desviarse deslumbrado por brillos tan intensos como tramposos. Por fortuna para él, cuanta con la mejor compañía, la de aquellos que le mostrarán el horizonte tal y como es, sin cortapisas; los mismos que le recordarán de dónde viene; los que le allanarán el terreno en la medida de lo posible para que luego el talento, el físico, su tenis en suma, hagan el resto.

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