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Como ser presidente y no morir en el intento

Como ser presidente y no morir en el intento

Como ser presidente y no morir en el intento
25 septiembre
2022
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Tengo una trayectoria extensa en cuanto al movimiento asociativo en la ciudad de Villena. He tocado muchos palos pero el de la fiesta, siempre de manera tangente, sin entrar demasiado en ese mundo complejo que es el de las comparsas.

Y un día, no sé qué mal aire me daría, que pensé que no podía ser tan difícil. Así que con torería y valor, echando mano de amigos y familiares que tiraron a su vez de sus respectivos amigos  y familiares, montamos una directiva variopinta y allá que fuimos.

Una vez elegidos por la Asamblea general, me entró el temblor de piernas. ( El canguele) Vale, tenía una comparsa que dirigir y una directiva en la que confié plenamente porque reconozco que de fiestas, yo, lo justo. Y arrancamos hasta que nos alcanzó el/la covid. Joer, que suerte. El primer año sin fiestas hubo quién me insinuó que se me notaba mucho que se me había quitado un peso de encima, y no le faltaba parte de razón. 

El segundo año sin fiestas, ya empecé a preocuparme. Pensaba en el embrollo en el que había metido a la gente que me acompañaba en la presidencia y me daban los siete males. Si e/lal covid no había podido conmigo, tendría fuerza suficiente para seguir con esto pa’lante.

Tenía la imperiosa necesidad de dar las gracias por todo. En menudo jardín había metido al personal. Y aunque la pandemia no entraba en nuestros planes y escapaba a mi control, la culpita me hacía pupa. Así que enviaba extensos whatssaps en los que apuntillaba el trabajo de cada uno, dando coraje, infundiendo ánimo ante la desgana. Al principio todo me resultaba importante, todo era discutible, por whatssap o videollamada, según las restricciones sanitarias de cada ola. Luego ya entendí que mi función era relativizar ciertas cosas, que  la directiva  ya bastante tenía con lo que tenía. La “política exterior” me había tocado en el lote y había que echarle arrojo.

Quería y necesitaba darles las gracias a cada momento pero, por mi experiencia en asistencia a eventos festeros varios y habiendo sido pareja de un presidente, sabía que el verdadero y auténtico  momento de los agradecimientos, el de emocionarse  dando mil y mil gracias a “todos y cada uno bla, bla, bla” era en el discurso con el que el presidente cerraba el acto de presentación de cargos.

Y yo quería llegar ahí. Así que muy de vez en cuando pronunciaba ese discurso en mi mente, era capaz de visualizar el momento, unas veces lo acompañaba con imágenes fotográficas, otras con la letra de un canción de El Kanka que se proyectaba mientras yo me dirigía a mi público, roto en llanto por el sentimiento de mis palabras.

Y había llegado. Ya estaba de pie delante de un micrófono todo mío, para agradecer la colaboración de los socios, la tremenda implicación de la directiva, dar las gracias a esa banda que nos acompaña desde hace años. Pero en nada se pareció al discurso con cuyas palabras yo había jugado hacía hasta hace muy poco tiempo. 

Y es curioso como la mente a veces nos juega malas pasadas en momentos cruciales. Los pensamientos, los recuerdos no entienden de “oportunidad”. Vienen cuando vienen, y así, subido ya en el escenario, recibiendo a los cargos etc. me vino a la cabeza uno de los primeros recuerdos que guardo de mí mismo con y   para la comparsa que ahora presido. Era la época de las presentaciones de cargos de  JR Morales  y,  Alfonso, Fonsi, fue en muchas ocasiones, el compañero, el cómplice para desencadenar la risa. Después descubrimos que nos unían lazos familiares algo lejanos. Así que de repente, balbuceé el inicio del discurso que tenía sobre el papel dudando si comentar el recuerdo  y pedir @Justicia para Alfonso y dar ánimo a  Saray, o seguir adelante según lo planeado. Quizá no hubiera sido capaz de  explicar lo que me pasaba, igual  en ese momento, no procedía pero hoy sí, hoy sobre el papel puede expresar libremente que mi primer recuerdo sobre ese escenario, y sin planearlo, fue para él.  Y este año estaremos con Pepe, disfrutando de su cargo. El destino, otra vez.

Y luego fue 5, y 6 y después 7 y otra vez a vuelta de tuerca con los cambios. El desfile de la Esperanza, la Retreta. Mucho teórico sobre “la fiesta” pero nadie con los reaños suficientes como para darle la vuelta. Y si se la intentas dar, igual en la práctica te quedas más solo que la una. No lo entiendo. Lo que se opina en la calle no encuentra reflejo entre los representantes festeros o…¿cómo va esto? ¿Porqué votar a favor de algo con lo que luego en la práctica vamos a demostrar nuestra disconformidad? Me debe faltar el grado superior de presidencia porque hay cosas que no pillo.

Dia 8, día 9 y fin de fiesta con lluvia de premios. Lo que me lleva a los señores delegados de la JCF que tan buen trabajo han hecho, en ocasiones. No vayan a la caza, indíquenme, diríjanme, adviértanme, anótenme y sanciónenme si lo creen ustedes necesario. Pero no le falten el respeto a quienes como directivos, acompañan a las comparsas para acatar sus instrucciones, las de ustedes. Con que nos dispensen el mismo respeto que para sí reclaman, ya va bueno.

Y a seguir. Que ahora toca “deshacer la maleta”. Como cuando vuelves de viaje. Que divertido fue llenarla y que costoso parece ahora desandar lo andado.

¿Y la experiencia que tal? Preguntan los más. Genial. Correr, gritar, sudar, enfriarte, la cervecita fresca, los pies que no responden, mucho sueño. Los dedos siempre cruzados para que no falle nada, escuchar siempre  las voces de la experiencia  y por lo demás “ Esto va solo”. (Risas entre el público que sabe para que “esto vaya solo” es necesario contar con buena gente, gente de confianza en la que poder  delegar gustosamente).

Me dijeron que me pesara antes y después de fiestas. Dos o tres kilos se me han ido, fuera líquido, dentro líquido.  A media mañana de cualquier día de fiestas, ya tenía  hechos los pasos que, de normal,  hago en todo un  día laborable. 

Resumiendo. Uno puede ser presidente sin  tener ni idea de desfilar,   o tener   dos  pies izquierdos, aun no teniendo ni ritmo  para la procesión, siempre hay un buen compañero que te redirige y recompone con un toque en el hombro o un “izquierda, izquierda”. Hace falta una  buena capacidad pulmonar para respirar y respirar y gente que trabaje con mucho cariño. Esa ha sido mi suerte.  Pero aquí estoy. I WILL SURVIVE

MF MARTINEZ

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