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Cartero: El trabajo en la calle durante el coronavirus

Cartero: El trabajo en la calle durante el coronavirus
02 junio
2020
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Un articulo de Germán López

Tras decretarse el Estado de Alarma el pasado 14 de marzo, Correos fue reconocido como servicio esencial e íbamos a prestar el Servicio Postal Universal Público que establece la Constitución. Siendo nuestro mayor ámbito de trabajo la calle y por las características de nuestra profesión: contacto con los clientes, abrir y cerrar puertas, encender la luz, tocar buzones,…estamos expuestos a entrar en contacto con el COVID 19.

Los primeros días de trabajo son los más complicados, a los estragos que está causando el coronavirus en cuanto a gente fallecida e infectada, es muy difícil abstraerse a esta realidad, hay que añadir que, si bien Correos sí ha adoptado medidas de seguridad en el interior del centro de trabajo y ha establecido un protocolo de actuación para realizar la entrega de productos con firma por parte del cliente, hemos trabajado durante dos semanas sin los equipos de protección individuales (guantes, geles y mascarillas) y el consiguiente riesgo de contagio, riesgo que temes más por contagiar a tus seres más queridos, confinados en casa, que por ti mismo.

Una vez subsanado este problema y aunque los datos que nos llegan a diario de los responsables sanitarios siguen siendo muy preocupantes, salgo a la calle un poco más tranquilo. Lo primero que detecto es que las calles han perdido su chispa, sus señas de identidad, ya no te cruzas con niños y niñas que van al cole todavía medio dormidos y que al mediodía salen alegres y vitales acompañados  de sus abuelos y abuelas, a quienes la calle también echa en falta, sus paseos diarios, sus “charraícas”, siempre contando interesantes “batallicas”. Tampoco se ve en las calles a los runners que vuelven sudorosos y cansados pero satisfechos después de haber corrido por la Huerta, el camino a la Virgen, la Casica del Guardia… Diría que son calles huérfanas si no fuera por las colas de gente en las puertas de supermercados, pequeños comercios de barrio, panaderías, carnicerías…

Son días en los que también se pierde el contacto con la gente de “tu barrio”, personas que con el roce diario han llegado a ser importantes para ti y ya forman parte de tu día a día. Echas de menos a  aquellas personas que con una sonrisa en la boca te desean “buenos días”, te preguntan por tus hijos, te felicitan “el año nuevo”, te cuentan lo solas que se encuentran tras haber enviudado…y ahora más que nunca te sientes en deuda con ellas, les tocas el timbre y les preguntas ¿cómo están? , si les hace falta alguna cosa, y ellas te contestan que se encuentran, dentro de lo que cabe, perfectamente.

Mientras repartes piensas en todas las personas a las que estos días les llevas un burofax, que  les comunica el  Erte que ha aplicado su empresa, esperas que puedan recuperar sus empleos cuando termine esta grave crisis sanitaria y económica, en la gente que tiene comercios de toda la vida y en los que han abierto un nuevo negocio con toda la ilusión del mundo y ahora desconocen qué les deparará el futuro.

A estos sinsabores de mi trabajo como cartero durante el Estado de Alarma, habría que añadir la rabia que sientes cuando te encuentras a gente insolidaria que no respeta las normas dictadas por el gobierno para salir cuanto antes de esta situación, sinsabores que se ven endulzados cuando recibes muestras constantes de sincera gratitud por tu trabajo y ves que hay muchísima más gente que sí cumple las normas y entonces es cuando te dices: “estamos en esto juntos y solo saldremos juntos”.

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