Viernes, 25 Septiembre 2020

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Antonio Martínez, tercer director de la Sede: Un paso adelante con la cocreación

Antonio Martínez, tercer director de la Sede: Un paso adelante con la cocreación

Antonio Martínez, tercer director de la Sede: Un paso adelante con la cocreación
26 junio
2020
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Fechas: Desde el 16 de octubre de 2012 hasta el 16 de febrero de 2017. Cuatro años y 5 meses, día arriba o abajo.

P. ¿Cuál fue el objetivo principal en su etapa al frente de la Sede en Villena?

R. El objetivo principal fue gestionar la magnífica herencia legada por nuestros predecesores en el cargo, Pepe Silva y Fernando Ballester, que lo habían hecho genial. Y la verdad es que no resultó sencillo e implicaba un reto. Luego, con el tiempo, nos dimos cuenta que la Universidad estaba presente en la ciudad, incluso en la comarca, pero tenía que percolar a otros estratos de la ciudadanía. La sede Universitaria daba formación, cualificación, actividades culturales, pero en ocasiones se contemplaba como algo “alejado” y solo para universitarios o “gente con estudios”, cosa que no es verdad. O eso me llegaron a manifestar en alguna ocasión. De ahí, que, siguiendo la estela de Pepe y Fernando, seguimos reforzando el carácter de servicio público que tiene la UA, llegando a mantener y ampliar los colectivos con los que se trabajaba, estableciendo alianzas estratégicas con los gestores culturales de nuestra ciudad, además de con otros técnicos municipales y asociaciones. Sí, Villena es una ciudad con un tejido asociativo muy activo, así como una oferta cultural plural y diversa. A veces, se producían solapes, y una inflación de actividades. De ahí que se optara por la “cocreación”. Es decir, generar contenidos en los que íbamos de la mano, y se cubrían aspectos en los que la Universidad podía aportar contenidos, actividades profesionales, y reforzar la oferta del ayuntamiento y colectivos en temas de cultura y sociedad. También pasó con otros departamentos del ayuntamiento. Sobre todo, en promoción económica y desarrollo local. Esto último muy vinculado a mi perfil de especialización en la Universidad, donde además se hizo muy fácil, ya que, al trasladarnos a La Tercia, éramos más que vecinos, ya que yo en su momento había hecho la objeción de conciencia con Eugenio Menor. En ese sentido, intentamos hacer visible a todos, la sede. Y establecimos colaboraciones para implicar a toda la ciudadanía, con programas y actividades, que fueran más allá de los cursos de verano (buque insignia de la sede), y que ya empezaban a “flojear”, por el renovado contexto del reconocimiento de créditos ECTS y otros factores (que no procede señalar aquí). Ello obligaba a reforzar la presencia de la sede y sus actividades todo el año y colaborar con un mayor número de colectivos y departamentos municipales. A ello también se le sumaban la proliferación de sedes y aulas universitarias, en otros puntos de la provincia de Alicante, que empezaba a dispersar la presencia de la extensión universitaria en áreas de influencia de la propia Sede de Villena.

P. ¿Cuál fue el mayor obstáculo?

R. Esta pregunta hace que me ponga en modo “acto de contrición”, obligándome a recordar, y revivir algunos episodios, en ocasiones no siempre gratos. Aquí te acuerdas de personas, colectivos, asociaciones y actividades. Recuerdo mis “peleas cariñosas” con el que fuera concejal de Juventud, Pablo Juan Martínez, ahora buen amigo, con el que tuve mis notables “dialécticas”, sobre todo en relación al cambio de ubicación de la sede, cuando al final nos quedamos en La Tercia, y no en la plaza Colache, cómo se quería en un principio. Un tema que había quedado cerrado con Fernando Ballester, pero que cuando yo entré, se reactivó. Concejal, con el que también pusimos en marcha el CASC, junto con el técnico de la concejalía de Casco Histórico Cesar Haba. Una acción que supuso una “revolución”, por muchos aspectos, en cuanto a la concepción de la formación-acción-participación en los cursos de verano, que no siempre se ajustaban a los cánones “ortodoxos” de la academia, y que también me trajo algún quebradero de cabeza. Recuerdo el primer año en el despacho de nuestro apreciado vicerrector de Cultura, Carles Cortés, haciendo balance (ayuntamiento, CASC y UA) de lo acontecido ese verano y tomando nota de lo que no se debería volver a repetir. Más allá de algún hecho aislado y episodios que ahora son anécdotas, creo que no hubo un obstáculo grande, sino que fueron momentos y situaciones puntuales, que intentamos superar lo mejor posible. El traslado a la Tercia, supuso malos entendidos con la Asociación de El Rabal, que lo interpretaron, al principio, como una ocupación y no como una posibilidad de establecer sinergias y oportunidades. Por otra parte, hubo personas, que pasaron por la concejalía de la que dependía la sede universitaria, que nunca entendieron lo que hacíamos y porqué lo hacíamos, ya que, con un día a la semana en Villena, era difícil comprenderlo. Y eso que, con las titulares de la concejalía de educación, siempre ha habido un trato excelente y magnífico. También recuerdo, el momento de hacer efectivo el pago del convenio entre la UA y el ayuntamiento de Villena, que no terminaba de ultimarse y liquidarse a la Universidad. Y ello después de reuniones entre la UA y el ayuntamiento, e incluso con una reunión en la que me presenté personalmente a hablar con el interventor. Después de muchos meses, seguía sin hacerse efectivo y resolverse (dependía del ayuntamiento), haciendo peligrar la continuidad, no de la sede, pero sí de las actividades programadas para el curso siguiente. Pues manifesté esta preocupación en la presentación de unos cursos de verano, y se armó “un buen pollo”. Uf…ahí no lo pasé nada bien, y recuerdo que me fui a hablar con Pepe Silva (nuestro “gran maese”), porque fue una situación incómoda para todos. Pero unos días más tarde, todo se solucionó, y las aguas volvieron a su cauce. Eso de que el ayuntamiento da “pasta” a la Universidad, y la Universidad, realiza actividades en el municipio, ha llegado a simplificarse y entenderse solo como una relación contractual. Al menos cuando yo estaba, eso estaba presente, en alguna reunión. Y es un poco triste, sin apreciar el “valor añadido” que la Universidad aporta a las actividades, y sin cuantificar que ciertas actividades y labores, les cuesta más dinero a la Universidad, que lo que aportaba el ayuntamiento. Eso del “debe y el haber”, cuando además te lo hacían ver por parte de alguna responsable política municipal (las menos), era complicado gestionarlo, obligándote a una labor de pedagogía notable.

P. ¿Cuál es la mayor satisfacción a lo largo de estos años?

R. Si realmente hay un hecho o producto del que me sentí en su momento muy orgulloso, fue de la creación y desarrollo del FORO ECONÓMICO Y SOCIAL de VILLENA. Un órgano, que surgió al finalizar un trabajo que me encargaron como profesor universitario de Geografía Humana (Estrategia de Villena + Innovación-ETV+i) antes de ser director de la SUV. Y que, gracias al apoyo y compromiso del concejal de promoción económica de entonces, Juan Carlos Pedrosa, y de la voluntad del alcalde, Francisco Javier Esquembre, se llevó a cabo en el plano político, siendo modelo de participación ciudadana, en toda la dimensión aplicada del término. Aquí sí que pude experimentar y comprobar, el papel que la Universidad debe cumplir en la sociedad, acompañando dinámicas sociales, facilitando herramientas y visibilizando procesos, al objeto de contribuir al bien común. Un organismo que fue aprobado en el pleno del ayuntamiento por unanimidad de todos los grupos políticos, que contó con el compromiso de un “grupo motor” de ciudadanos y ciudadanas muy plural, y que tramitó unas bases de funcionamiento consensuadas, a través de foros participativos, estableciendo unos objetivos y finalidades. En su momento, fue un ejercicio excelente, de coocreativación, que nos puso en el mapa de la innovación social en España, estableciéndose como experiencia, en el congreso nacional de medioambiente CONAMA-2016, junto con otros estudios de caso del Estado Español.

P. ¿Qué destacarías de tu labor en la Sede Universitaria?

R. El ejercer de director de la sede Universitaria, en un primer momento, aportó orgullo por trabajar en tu pueblo, asumiendo una responsabilidad y reto, que obligaba a hacerlo bien en “casa”. También una oportunidad de conocer mejor el tejido sociocultural, económico y ciudadano de Villena. Sin duda, durante los más de cuatro años que estuvimos ejerciendo y “gastando” el cargo, contacté con colectivos y asociaciones, de los que tenía referencias, o simplemente no había tenido la oportunidad de conocer. Luego, la posibilidad de crear y “co-crear” contenidos de todo tipo, sobre todo culturales, formativos y participativos para “todos los públicos”, fue una oportunidad de aprendizaje comunitario y en comunidad, maravilloso. La obligación del cargo de director de sede, a veces te exigía estar “pringado” los siete días de la semana, en los que, además, tenías que compatibilizar con tus otras obligaciones docentes, de investigación y familiares. Esto último, era una de las cosas que en ocasiones no se llevaba muy bien, a pesar de estar trabajando, a tiempo parcial, en Villena. Y remarco esta aseveración, porque la gente se creía que tu trabajo universitario solo consistía en hacerte cargo de las actividades de la sede. No eran capaces de asimilar que esto sólo representaba, y representa, una descarga de un pequeño porcentaje, y que el resto de carga lectiva estaba vinculada a nuestras labores de investigación y docencia de la que nunca estuvimos exentos. Y esto es una cosa, que con el resto de compañeros hemos comentado en alguna ocasión. Yo siempre digo que trabajo en Alicante, y que duermo en Villena. Con esto, sólo quiero significar que el trabajo en una extensión universitaria lleva mucha ocupación y preocupación. Aunque se repartía faena con nuestra gestora y compañera, María José Cantó, y el resto de compañeras PAS de SEUS de Alicante, y su directora de secretariado, la profesora Eva Valero. Ya no sólo en la proposición de las actividades, sino en la negociación, acompañamiento y materialización de las mismas. Pero ello no ha estado exento de muchas satisfacciones y aprendizajes. Recuerdo la complicidad en las actividades y compenetración en la gestión, con la primera concejala que fue responsable de la Sede Universitaria en mi etapa, como titular de Educación, Virtudes Hernández. En este mismo ámbito, también estoy muy agradecido al actual alcalde, Fulgencio Cerdán, por su concepción integradora y diligente de la gestión pública, y abrirme las puertas de su concejalía, en temáticas vinculadas a Servicios Sociales y Sanidad, donde la sede pudo desarrollar actividades de gran interés para colectivos sociosanitarios, educadores y padres, que luego tuvo continuidad con Jesús Hernández. Las temáticas de género e igualdad, que con la edil Cate Hernández, las reforzamos y trabajamos muy coordinadamente. Al igual que acoger actividades vinculadas al grupo de seniors de nuestra población, “Fe, Cultura y Ciencia”, capitaneados por el incombustible y dinámico Antonio Soler, que también al inicio de nuestra estrecha colaboración, me supuso superar algún malentendido con la directora de la UPUA (Universidad Permanente o de Mayores de la UA). O nuestras actividades al alimón, con la Asociación de Comerciantes y Servicios Vi de Villena, y sus técnicas María José y María Ángeles, con las que trabajamos en proyectos innovadores, integrados y motivadores (formativos y culturales, junto con Ana Valdés, por ejemplo). Destacar, por último, la oportunidad de trabajar con otros técnicos y profesionales del ayuntamiento de Villena, de forma transversal y en perfecta armonía (cultura, bibliotecas, asuntos sociales, juventud, educación, igualdad, medio ambiente, urbanismo, inmigración, desarrollo local, fiestas, participación ciudadana, centro histórico, arqueología, etc.). Piezas fundamentales para la sede Universitaria de Villena, pero que desde el primer minuto se mostraron muy colaboradores. También con los políticos locales, con los que la coordinación y complicidades tuvieron que ser necesarias y obligadas, con dispares resultados, en ocasiones, dependiendo de la persona, el contexto y los temas a tratar. Pero el balance, siempre resultó “positivo, nunca negativo”, como decía aquel peculiar entrenador del Barça.

P. ¿Quince años después de su inicio tiene sentido mantener la Sede?

R. Yo creo que la sede ofreció, y sigue ofreciendo, oportunidades, dinamismo, visibilidad y renovadas actividades. Y una cosa que aparentemente parece baladí, pero que no lo es; acercar la Universidad a la sociedad en su conjunto. En esencia, el principio de la extensión Universitaria, fue esa. Además, esto fue inventado por un alicantino, Rafael Altamira, que, siendo catedrático de Historia del Derecho en la Universidad de Oviedo, y muy unido a la acción y aplicación de los preceptos de la Institución Libre de Enseñanza, vio la necesidad de establecer, ya a finales del siglo XIX, vínculos entre el conocimiento generado en la academia, con otros atributos propios de la sociedad, al objeto de fomentar su ilustración y progreso. Pues ese espíritu, pero adaptado al contexto actual, buscan las sedes universitarias. Además, Villena, por su carácter periférico, a nivel territorial, con respecto a la capital de la provincia, y más “castizo”, como la definió Azorín en sus “Confesiones de un pequeño filósofo”, tiene una idiosincrasia muy vinculada al fomento de lo cultural, lo social y participativo. Por lo que, desde el primer momento, la sede de Villena fue muy bien acogida por el ayuntamiento y la sociedad en su conjunto. Vista como una referencia, en otras sedes, y también en la propia Universidad de Alicante, por la gran cantidad y variedad, de cursos y actividades desarrolladas. De ahí que la Universidad, participando de ese carácter abierto, acogió un número importante de acciones, de manera individual o con otros colectivos. Y todo ello, beneficiado porque todos los directores/a, que hemos pasado durante estos años por la SUV, somos de Villena, y hemos mantenido un elevado nivel de exigencia, entusiasmo, compromiso y trabajo, que nunca ha decaído. Y eso también se ha notado. Donde, desde la consideración y respeto de lo que cada director ha aportado en su etapa, ha intentado innovar y aportar desde el campo de lo cada uno trabajaba, o se le daba mejor. Hasta el punto que alguno sigue muy vinculado a las actividades que realiza la sede, colaborando muy estrechamente como es el caso de Pepe Silva, nuestro “gran maese”. Otros, como en el caso de Fernando Ballester, y en el mío propio, hemos seguido colaborando, pero las obligaciones propias de la Universidad en Alicante, nos restan mucho tiempo. La Sede, más allá de lo que aparenta, actividades culturales, formativas y divulgativas, requiere atención, proposición y presencia. Y eso hipoteca tiempo de otras acciones y obligaciones. O, sino que se lo digan a la actual directora María Ángeles Alonso, que, siguiendo la estela de sus predecesores, siempre está “al pie del cañón”, representando a nuestra Sede Universitaria de Villena de la Universidad de Alicante (importante remarcar el nombre y los apellidos). Porque sede universitaria, como tal, “no hay más que una”.  Como lo ha venido demostrando durante estos 15 años, ininterrumpidamente.      

Por último, agradecer la estrecha colaboración con los medios de comunicación local, que creo habéis sido uno de los pilares del éxito de la sede Universitaria de Villena (SUV) durante estos 15 años. El hecho de tener “masa crítica”, autonomía, voz e imagen en la comunidad, a través de vosotros, ha sido muy importante para socializar la labor de la extensión universitaria y sus actividades.  Gracias por ayudar a permeabilizar el conocimiento y nuestra labor de servicio público en la sociedad villenense, durante estos tres lustros.

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